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En
septiembre de 1923 y después de una encadenada ola de atentados, barbaridades,
y con una descomposición generalizada de las instituciones, entre otras
de la misma monarquía, llega al poder el Directorio Militar de Primo de
Rivera. Como fácilmente se entenderá, viajar en aquella España
del 23 se convertía en una especie de lotería. Controles, atracos,
sospechas...en fin todo un poema. Hoy en día lo cogería una empresa
de deportes de aventura y se forraba; pero en aquél entonces las cosas
no eran tan deportivas. El caso es que para ser identificado se necesitaba presentar
La Cédula. Papelito oficial en el que ponía el nombre y apellidos,
edad y otros datos del titular. Era el DNI de la época. En pesetas, 1 con
treinta céntimos, traducido a euros 0.007 o siete milésimas de euro
o si se entiende más fácil con siete euros te podías hacer
mil cédulas. Barato, ¿no? Pero traducido al lenguaje económico
de 1923 era medio jornal de entonces, vamos como unos 16 € de hoy en dia.
Ya no es tan barato, verdad. Para acabar y para que la ministra de igualdaz se
mosquee: la propietaria de la cédula era una mujer y por "defecto"
se le ponía en profesión un honrosísimo " sus labores"
( mal escrito , pero eso pone). Y es que las labores de aquellas tuejanas eran
tantas, tan variadas, tan duras y tan sufridas que su propia labor las honraba
en la defensa de su igualdad con el hombre. Sin necesidad de que una miembra del
gobierno las ensalce artificialmente. |
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